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Deportiva Reflexión No.1 — ¡¿Sí a la corrupción?!…

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El Nocaut Técnico del Abstencionismo   Hoy, a causa del nefasto democrático del domingo 26 de Agosto del 2018, me veo en la obligación de ceder ante los resultados de la consulta anticorrupción como pretexto para vociferar una opinión. Esto es inusual, pues esto me llevó a buscar algún deporte que mejor describiera el fenómeno, y de ese modo no surgió la reflexión deportiva esperada, pues los sucesos de los deportes tomados como posibles analogías malencajaban como zapatos heredados y en el mejor de los casos andaban como un carro con una llanta pinchada.  Intenté, pero en un momento dado me disgustó verme forzando a que un deporte se ajustara al andamiaje propagandístico anti-consulta. No encontré forma justa para expresar la malinformación sistemática y el enraizamiento de una doble moral que dicta: “Ayer ya pasó, hoy es diferente,” pero que en realidad sólo promueve el mismo juego: parcelación de terrenos apropiados ilegalmente, venta de los mismos a pudientes extr...

Alas de Nailon

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Si a usted le preguntan “¿Quiere volar?” ¿cómo respondería? ¿Se preocuparía por la manera en que le están proponiendo volar? ¿Demandaría certificados de calidad? ¿Se alejaría asustado y cargado de desconfianza? ¿Miraría a quien le hace la pregunta como si se tratara de una persona a la que le falta un tornillo? ¿Aceptaría sin dudarlo? ¿Se negaría rotundamente? ¿Permitiría seducirse por el anhelo despertado por la idea de volar? Piénselo un momento. Cuando veo a las piguas alzarse hacia el cielo con las alas extendidas en todo su esplendor, me pregunto si ellas verán las corrientes de viento, si sus ojos percibirán ondas de luz imperceptibles al ojo humano, o si pueden sentir los cambios de presión o los cambios de temperatura. En otras palabras, ¿aprenden a volar o vuelan netamente por instinto? Quizá la respuesta puntual sólo interesa a los ornitólogos, pero a mi parecer aprenden a desarrollar su instinto. Y luego sondeo el vuelo estático del colibrí y el murciélago, o los vu...

Ping Pong a la colombiana

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Olvidaba que en todo combate entre el fanatismo y el sentido común, pocas veces logra este último imponerse.    Marguerite Yourcenar,  Memorias de Adriano En la actualidad ideológica colombiana se vive un fenómeno que deseo denominar el efecto ping-pong. Este efecto consiste en un contrapunteo constante de un bando a otro de la misma manera como los tenistas de mesa profesionales se atacan y defienden con los raquetazos a la pequeña y frágil pelota en busca de anular la capacidad de respuesta del contrincante o forzarlo al error. Este fenómeno sucede a diario a nivel religioso con el tema del matrimonio y adopción de parte de la comunidad LGBTI, a nivel político en cuanto a la repartición de tierras y a los procesos judiciales justos en el post-conflicto, y en el congreso sobre la pertinencia de una consulta popular para avanzar medidas contra la corrupción. Y los espectadores constituyen la muchedumbre haciendo eco de los golpes al unísono. Aunque cabe resaltar que...

Y tú, ¿qué ves?

Últimamente, cada vez que miro una pared, me imagino cómo la vería Jyoti Raj, el hombre mono de Chitradurga, Karnataka en la India. Entonces estudio las salientes y las hendiduras. Analizo la superficie y hallo que no es tan lisa como la concebí a primera vista. Me aferro al muro y me concentro en que subiré. Miro la cima y enfoco mi deseo y mi energía en ese punto. Planto el pie derecho en un ladrillo levemente salido y con la mano opuesta me halo hacia arriba. Asciendo quince centímetros pero caigo pues el pie izquierdo no ancla, y vuelvo a la realidad de sólo ser una persona que nada más ha visto en una pared una pared. Sin embargo, el ejercicio de imaginar no me frustra como el intento de escalar las paredes como tal, así que sigo mirando las paredes en una búsqueda de ya no mirarlas sólo como paredes, sino como oportunidades para escalar, nuevos retos que conquistar y nuevas cimas desde donde apreciar el horizonte y la extensión visible bajo los pies. Y busco imaginar los v...

Y usted, ¿por qué corre?

Durante mi estancia en la capital se corrió la Media Maratón de Bogotá del 2018. Más de cuarenta y cuatro mil corredores llenaron los veintiún kilómetros de recorrido como un cardumen de sardinas durante las migraciones en Sudáfrica. Esta carrera Gold Label es la más importante de América Latina y es de categoría mundial. Pero lo más impactante es que puede correrla quien lo desee.  El ganador de la diecinueveava versión con 1 hora, 5 minutos y 8 segundos, Betesfa Getahun, etíope de 19 años, sonreía con humildad frente al premio, un Hyundai Veloster rojo adjudicado por Neocorp, junto a la ganadora con 1 hora, 11 minutos y 34 segundos, Netsanet Gudeta, etíope de 27 años. El etíope estuvo a dos minutos con cuarentaiocho segundos de ganarse el incentivo de treinta millones de pesos. Así mismo, la etíope estuvo a un minuto y cinco segundos de hacerse acreedora del incentivo.  Ahora me pregunto, ¿cuántos corrieron por el premio? De los cuarenta y cuatro mil, diría con total...

Los impulsos del Tour

Estamos en el Tour de France. Nairo Quintana, Rigoberto Urán y Darwin Atapuma inspiran a millones de colombianos con sus pedalazos y el sudor de su esfuerzo. Y a medida que avanza la gran carrera gala, los espectadores se inflan de valentía, comienzan a sentir el furor en la sangre de ser ellos mismos quienes compiten contrarreloj y suben las cuestas de los Alpes franceses contra los demás ciclistas del mundo. Entonces el gran deporte de ruedas, cambios y cadenas ejerce su efecto embriagador y trastorna a un espectador -o miles- y lo lleva directo a la bicicletería donde compra una Specialized de ruta hecha de titanio con marco estrambótico y superheroesco. Pero no sólo eso, sino que así mismo adquiere un casco ergonómico, aerodinámico y ultraliviano de carbono, gafas ultravioleta y antiempañables, camiseta y culotte de licra antialérgica, transpirable y antibacterial, guantes de dedos recortados de cuero, y zapatillas con sistema de clips, plantillas como nubes y suela como roca. ...

Terminó Rusia... ¿Y ahora?

Finalizado el mundial, se acabó la hora de la locha bienesxcusada  permitida y promovida  socialmente, y volvió el régimen de la puntualidad y la rutina. Claro, aunque para ver los partidos se procuraba llegar con por lo menos diez minutos de antelación a la transmisión para cargarlo en Roja Directa  cuando no estaba en Caracol o RCN. Pero para trabajar, la locha aplaza el sonido de la alarma dos, tres, cuatro veces hasta que sólo le quedan cinco minutos para arreglarse, desayunar, ir al trabajo y marcar tarjeta.  De modo que volvieron los días grises y carentes de novedades. Ya Messi no salva a una Argentina desnuda de contundencia. Ya Cristiano Ronaldo no liquida el partido con la derecha. Ya Yerry Mina no se alza por encima de las cabezas contrarias como el Aconcagua sobre los Andes para darle vida a una Colombia agonizante y dividida. Ya Mbappé no deslumbra con la gracia de su talento ni deja rezagados a los defensas como Usain Bolt a su competencia. Hoy ya ...